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30 agosto 2005

A fin de cuentas, no existe tanta diferencia entre navegar en la cubierta o en la bodega de un barco que va a la deriva.

Extraído de "EL MUNDO", del martes 30 de agosto de 2005
Autor: José A. Garriga


El síndrome del ermitaño

Por lo visto se ha encendido la alarma en algunos países al comprobar que cada día hay más adolescentes que se encierran en el cuarto con música, Internet y videoconsolas. Allí pasan el tiempo sin apenas salir más que para lo estrictamente necesario. Lo que hay fuera no les atrae, no les interesa, es más, les da miedo la sociedad, temen la vida cotidiana, y se refugian en un mundo artificial. Desde siempre los adolescentes han sentido una gran necesidad de poseer un espacio propio y se han amparado en su cuarto, su pequeño mundo doméstico pero antes, me refiero a los niños de mi generación, se solía abandonar bastante pronto el encierro porque no había apenas nada, ninguna distracción, que nos retuviera en el cuarto. Entonces la tele era un artículo de lujo que se colocaba en el salón. No existía Internet y la música se tenía que poner bajita para no disgustar a nuestros padres. Los cuartos de antes eran solitarios y aburridos. Ahora el mundo entero entra en los cuartos de los adolescentes y eso se ha convertido en una preocupación. Los adolescentes no se comunican entre sí, no juegan con amigos, no les apetece salir a la calle; para qué van a ir a ningún lado si tienen amigos cibernéticos, calles virtuales y héroes que los visitan en la habitación. Están bien así, replegados en su mundo fantástico. Fuera está la cruda realidad; dentro se sienten protegidos y reina la ensoñación.

No me extraña que esos adolescentes se encierren en su cuarto a ver pasar el tiempo. Supongo que cuando abren la puerta y se asoman al exterior ven que sus hermanos mayores trabajan en paupérrimas condiciones y que sus empleos no tiene nada que ver con aquello que soñaban y para lo cual se prepararon. Los ven frágiles fuera mientras que ellos, dentro, son los héroes de la pantalla. El hombre da vueltas por la órbita celeste pero es incapaz de ofrecer alternativas a los jóvenes que caminan a ras de tierra. Por eso los adolescentes se dedican a huir hacia dentro. A replegarse en sí mismos. La sociedad los margina y ellos marginan a la sociedad. Lo malo, por lo visto, es que esa mutua marginación produce enfermos que no saben relacionarse y sólo escuchan la voz que les dicta su peligrosa e inquietante conciencia cibernética.

Algunos han logrado salir del agujero de su cuarto y han conseguido integrarse, a duras penas, en la vida colectiva. Hablan del infierno de la soledad pero aún no han sufrido el infierno de la sociedad. A fin de cuentas, no existe tanta diferencia entre navegar en la cubierta o en la bodega de un barco que va a la deriva. La diferencia simplemente consiste en pagar un precio más alto por un camarote exterior y con terraza o viajar en un cuarto interior de ese crucero que conduce al naufragio.

1 Comments:

  • At 12:44 a. m., Anonymous Anónimo said…

    Hola!! Soy Alexandra. He visto una recomendación tuya en la página de Migue y te visitao. Tienes un blog que está muy bien y me ha parecido muy interesante lo del síndrome del ermitaño. Enhorabuena. Te visitaré siempre que pueda. Si quieres puedes pasarte por CoTTonMouTh(un poco de autopromoción nunca viene mal xDD). Espero conocerte algún día, ya que soy la compañera de piso de Migue. Hasta pronto.

     

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