DIA 1: AVARICIA
El madrugón para llegar a tiempo para el avión no hizo que se mermaran nuestras fuerzas. Más bien, como si nos hubieran alentado con un maravilloso premio, aterrizamos en la ciudad con las ansias del que ve ante sí un enorme pastel y desea comérselo de un golpe. Así que nuestro viaje sufrió lo que podríamos llamar el “efecto gaseosa”, lo que por otro lado afectó sobremanera a nuestros miembros inferiores.

Tras experimentar los transportes públicos de una ciudad no acondicionada para los calurosos días de verano, en el albergue nos esperaba una atareada chica que no cesó ni un minuto de repetir en nuestras fugaces conversaciones con ella a lo largo del viaje lo agotada que estaba y lo explotada que la tenía su jefe. Con esas excusas, nos dijo que las sábanas y las llaves más tarde. Perplejos, nos dirigimos a descubrir al menos a nuestros compañeros de habitación. Oh, sorpresa, hallamos culos por personas y varias interjecciones en alemán por saludos. Las que debían ser del hemisferio austral resultaron ser más alemanas que el führer. Su simpatía no llegó hasta el día tercero, en las que (y me estoy adelantando a los hechos) nos libraron de soportar tediosas conversaciones (aunque más bien debería decir minutos incómodos de silencio) con dos más de sus compatriotas.
Las 12 del mediodía, y nuestros estómagos lo notaban. Así que nos apresuramos a darle fin a nuestra necesidad. Sin saberlo, íbamos a hacer un descubrimiento que agradeceríamos el resto del viaje: esa calle tan fresquita, donde al pasar parecía que un gran ventilador insuflaba aire desde su tramo inferior, daba cobijo a un restaurante tipo autoservicio en los que disfrutaríamos de un más que bueno menú del día por algo menos de 7 Euros.
Para digerir bien la comida, nada mejor que una vuelta por la ciudad, con la fresquita. Yo creo que nos recorrimos varios kilómetros, de reconocimiento no se olvide, por las Ramblas, todo el puerto de Barcelona y incluso llegamos hasta el zoo, subimos una colina, dimos varias vueltas a otra manzana, para terminar en un centro comercial con cines. Bastante surrealista. Más aún la película. Si hay alguien interesado, que pregunte. No obstante, nuestro viaje fue mucho más placentero que el destino. Pero para ilustraros el mismo, prefiero que sean las imágenes las que hablen; que como aquél día, soy yo ya el exhausto.
Tras experimentar los transportes públicos de una ciudad no acondicionada para los calurosos días de verano, en el albergue nos esperaba una atareada chica que no cesó ni un minuto de repetir en nuestras fugaces conversaciones con ella a lo largo del viaje lo agotada que estaba y lo explotada que la tenía su jefe. Con esas excusas, nos dijo que las sábanas y las llaves más tarde. Perplejos, nos dirigimos a descubrir al menos a nuestros compañeros de habitación. Oh, sorpresa, hallamos culos por personas y varias interjecciones en alemán por saludos. Las que debían ser del hemisferio austral resultaron ser más alemanas que el führer. Su simpatía no llegó hasta el día tercero, en las que (y me estoy adelantando a los hechos) nos libraron de soportar tediosas conversaciones (aunque más bien debería decir minutos incómodos de silencio) con dos más de sus compatriotas.
Las 12 del mediodía, y nuestros estómagos lo notaban. Así que nos apresuramos a darle fin a nuestra necesidad. Sin saberlo, íbamos a hacer un descubrimiento que agradeceríamos el resto del viaje: esa calle tan fresquita, donde al pasar parecía que un gran ventilador insuflaba aire desde su tramo inferior, daba cobijo a un restaurante tipo autoservicio en los que disfrutaríamos de un más que bueno menú del día por algo menos de 7 Euros.
Para digerir bien la comida, nada mejor que una vuelta por la ciudad, con la fresquita. Yo creo que nos recorrimos varios kilómetros, de reconocimiento no se olvide, por las Ramblas, todo el puerto de Barcelona y incluso llegamos hasta el zoo, subimos una colina, dimos varias vueltas a otra manzana, para terminar en un centro comercial con cines. Bastante surrealista. Más aún la película. Si hay alguien interesado, que pregunte. No obstante, nuestro viaje fue mucho más placentero que el destino. Pero para ilustraros el mismo, prefiero que sean las imágenes las que hablen; que como aquél día, soy yo ya el exhausto.


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