Barcelona.
Parece que por fin he podido cumplir ese deseo que tenía desde hace tanto tiempo pendiente. Barcelona siempre da de sí todo lo que se le pide. Me faltaba verla de forma independiente, y así fue. Deliciosamente decadente, cada calle de la ciudad condal parecía estar anclada en un pasado modernista del que se resiste a salir. Sin embargo, reducir Barcelona a Gaudí puede ser injusto; para ello, solo hace falta darse una vuelta por el Puerto, por los barrios de la periferia o salir un rato de noche. Eso sí, la "decadencia" siempre estará como compañera. Es algo peculiar de esta ciudad en lo que cada vez que voy me gusta recrearme. Para mí, es una sensación parecida a la que experimenté en Roma, salvando las distancias, ya que la ciudad imperial se lleva la palma. Y aunque las comparaciones son odiosas, haber vivido durante un año en Madrid hace que las diferencias con la capital sean mucho más perceptibles. Madrid corre. Barcelona se sumerge en su tiempo. Que eso sea bueno o malo depende de cada cual. Yo me quedo con el modernismo.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home